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Retrato del artista adolescente contado por sí mismo
 

Retrato del artista adolescente contado por sí mismo.

Miren Jaio. 3 de Febrero de 2002 imprimir texto

En la sala del Egia Kultur Etxea de Donostia donde se celebró el Superkongresua de D.A.E. una única pregunta lo llenaba todo. Con un pequeño esfuerzo de la imaginación hasta se podía llegar a visualizar las densas columnas de humo de los cigarros como miles de bocadillos de cómic que, enladrillando techos y paredes, mostraban un único lema inscrito: “¿Y el arte, dónde está?”. ¿Estará el arte tal vez en la mina, en el paro o en la discoteca, vamos, de choteo por “las estructuras de la realidad”? (y, después de dicho esto, una intentará –seguro que sin éxito- cumplir la fiel promesa de no someter de nuevo a “las estructuras de la realidad” a la tortura de “la penetración interruptus del arte”) No, queridos, que el arte no anda por ahí, que el arte se ha ido de colonias en una “Emancipation Bubble”.

Pues la “bubble” en cuestión es un proyecto de Alex Mitxelena y Hugo Olaizola que Saioa Olmo presentó en su ponencia en el Sk y que da solución a los problemas del (artista) adolescente moderno. “Emancipation Bubble” es una especie de burbuja-tienda de campaña acondicionada como habitáculo que el morador puede acoplar a, por ejemplo, la ventana de la casa de sus padres. Así, el adolescente que cumple con las condiciones de a) no tener ni un duro, b) querer vivir por el morro fuera de casa de los padres mientras c) sigue viviendo de ellos, también por el morro, tiene en sus manos una solución al alcance de todos los bolsillos en forma de este dispositivo de emancipación que en un futuro próximo sustituirá a la pantalla parabólica como reina de las fachadas de las áreas suburbanas.

Y si de alguna manera esta polivalente y burda metáfora (porque la metáfora es el infalible recurso blandiblub del plumilla hortera en apuros) sirve para definir un arte con problemas de relación paterno-filial con la realidad y ensimismado en su propia burbuja, estiremos aún más el pringoso elemento: a lo largo de las treinta intervenciones de artistas de entre veinte y treinta años en el Sk también se apreciaron claros síntomas de síndrome de “burbuja emancipadora”, es decir, signos de la clásica tensión que experimenta el artista entre el deseo de distanciamiento autocomplaciente que se le adscribe a la creación artística y los condicionantes que la realidad le impone –el “¿cómo interpelo a la realidad desde mi práctica?” y su reverso “¿cómo me gano las lentejas con mi práctica?”.

Éstas no fueron las únicas cuestiones que salieron a debate en Egia. Y es que de entre las muchas cosas que de bueno ha tenido este Sk, mezcla de congreso Amway y experimento de laboratorio tipo “mantenga usted a treinta individuos durante 72 horas en condiciones de cautiverio”, está la de haber propiciado un diálogo que basculó entre la curiosidad y lo confrontacional. ¿Temas que salieron a la palestra? Pues un poco las cuestiones de siempre y de ahora: los conflictos de qué hacer para seguir siendo “artista promesa” o “artista forever young” (o dejar de serlo); las innumerables propuestas artísticas que escapaban como de la peste del espacio de la galería (servicios en la red, catálogos de venta, revistas, mobiliario, flyers, música, moda, danza, etc.) y los bastante sorprendentes escrúpulos que algunos parecían mostrar (prurito de la facultad o no ya no lo sé) a la hora de aceptar algunas de estas prácticas como “legítimamente” artísticas; la exigencia de interdisciplinaridad en la práctica cotidiana del artista;… Y un dato curioso: el término “ideología” se utilizó por activa y por pasiva con oscuros y a veces contradictorios sentidos.

En fin, en los tres días de galería de “retratos de artista adolescente” en la que se convirtió el Superkongresua cada uno aprovechó su turno para definirse verbalmente a través de mostrar obra propia, de amigos, en colaboración con otros, hablar de su vida (porque en casi todos los casos práctica y vida marchan en paralelo) o hacer de la propia ponencia un acontecimiento artístico. Podrían ponerse muchos títulos a los retratos vistos allí: “el artista adolescente envejece”, “el superproductor de imágenes”, “el joven airado”, “el pragmático”, “el mediador”, “el codificador”, “los colaboradores”, “el ensimismado”, “el eficaz” y hasta “el pedante”. Y de entre lo mejor: demostrar que un bar en Ordizia puede resultar tan bueno o ingrato para el arte como cuatro becas sucesivas en un país de inviernos perpetuos.

Miren Jaio. 03/02/01. Mugalaria-Artea, Gara

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